|
La muerte del docente Carlos Fuentealba en Neuquén, sentó un precedente en el reclamo social y alteró la pelea por la disputa presidencial. La responsabilidad de Sobisch.
La muerte del maestro Carlos Fuentealba el último miércoles 4 en la Provincia de Neuquén, modificó definitivamente la estructura social y política de la provincia, y en un plano más amplio en todo el territorio nacional. Es que la muerte del maestro en manos de la policía, mientras se manifestaba reclamando un aumento salarial, hizo foco en los abusos del poder de policía, contra los ciudadanos, apañado por el poder político. Tan irracional aparece esta muerte, que su eco retumbó no sólo en el resto del país, sino también en España, donde un grupo de ciudadanos argentinos, marcharon en repudio a lo ocurrido, en la provincia sureña.
ACTO ASESINO. Cuando los docentes, encabezados por la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN), decidieron manifestarse la semana pasada en la Ruta 22, no pensaron que la represión policial llegaría tan lejos, y mucho menos que un acto asesino por parte de un uniformado acabaría con la vida de un manifestante. Es que en medio del tumulto y las corridas que se produjeron a raíz de la violencia policial, un efectivo decidió hacer abuso de su fuerza y disparó a una distancia de 3 a 7 metros, un proyectil lacrimógeno, apuntando directamente a la luneta del Fiat 147 en que circulaba Carlos Fuentealba. El proyectil impactó directamente en la cabeza del maestro y le causó la muerte.
El presunto autor del disparo fue detenido y se trata del sargento primero Darío Poblete, quién tiene dos condenas en suspenso por apremios ilegales y, a pesar de eso, seguía desempeñándose en su función. El acto criminal se efectuó porque los proyectiles lacrimógenos están diseñados para ser disparados a una distancia de 200 metros y en una posición de 45 grados. Al ser usado a una distancia menor y apuntando horizontalmente, un arma de disuasión se convierte en un arma de muerte.
BRONCA Y DOLOR. La muerte de Fuentealba se transformó inmediatamente en un caso testigo de la intolerancia y la represión policial en tiempos de democracia. Es por eso que el último lunes se llevó a cabo la marcha más numerosa en la historia de la provincia de Neuquén, con una asistencia que superó las 30.000 personas. Del mismo modo, el reclamo se hizo sentir en la plaza de mayo y la bronca y el dolor llegaron directamente a los oídos del Gobierno Nacional, que tuvo que romper el silencio que mantenía en un principio.
Los reclamos apuntan directamente al gobernador de Neuquén Jorge Sobisch, que hasta antes de la muerte de Fuentealba, tenía aspiraciones presidenciales. Recluido en la casa de gobierno Sobisch, reconoció haber dado la orden de reprimir y ante el reclamo popular tuvo que remover gran parte de su cuadro político. Así fue que retiró de su cargo al jefe de la policía, el Comisario Salazar y a su segundo Moisés Soto; también planea desintegrar el ministerio de Educación y Seguridad, para transformarlos en secretarías y de esa manera controlar con mayor rapidez los reclamos y bajar la tensión que existe en la provincia.
>> El resto de la nota encontrala en la edición impresa de la revista <<
|